martes, 28 de abril de 2015

Crónica del EDP Rock ‘n’ Roll Madrid Maratón 2015

Bueno... Un año más, y van 6 consecutivos, he corrido el Maratón Popular de Madrid y he de decir antes de empezar con un relato más profuso, que este ha sido el que más sensaciones enfrentadas me ha generado. No daré más datos antes de tiempo para mantener la tensión del relato y para quitarle la razón a mi mujer de que siempre destripo las historias contando el resultado antes de terminarlas.

Alguno hay por aquí, que me sigue de forma más o menos constante, sabe que aunque no estaba en mi mejor pico de forma, llegaba a este maratón con un momento físico bastante aceptable y con un haber de confianza positivo, puesto que había ido cumpliendo los objetivos de la temporada uno tras otro.

La idea inicial y objetiva era que podía completar la carrera con un crono que oscilase entre las 3:05 y los 3:10, aunque los que me conocen, saben que soy un poco conservador a la hora de dar pronósticos y que aunque con la boca pequeña miraba el sub 3:00 de reojo, sin forzarlo ni exigirlo, pero si con la esperanza de que si el día salía bueno podía intentar un nuevo asalto al Olimpo maratoniano.

Los días previos a la carrera mis esperanzas habían ido recibiendo mazazos en forma de partes meteorológicos ya que la probabilidad de lluvia el día de la carrera era del 90% y dicha previsión se extendía sin remisión a lo largo de toda la mañana, por lo que, cierto desanimo me había invadido ya siquiera antes de empezar la carrera.

Que importante es la mentalidad de cara al maratón y que importantes los planes, los objetivos y tener algo a lo que aferrarte en carrera para no dejar caer los brazos ni un momento.

Pero bueno, la lluvia es para todos y mientras desayunaba a eso de las 6 de la mañana del domingo y veía caer agua a cantaros, me puse la coraza mental del guerrero que se prepara antes de una batalla en la cual tiene la absoluta certeza de que va a morir y por tanto ha de hacerlo con honor, con sus mejores galas, impresionando a sus enemigos por su valor y coraje y honrando a sus ancestros para que, desde allá donde le observen, asientan orgullosos ante el épico acto heroísmo que iban a presenciar.

Vamos, que salí de casa como una moto con la moral alta y con la idea de que pasase lo que pasase y cállese lo que cállese del cielo, tenía que ser valiente en mi planteamiento.

Llegue a la zona del Retiro sobre las 7:30 de la mañana y aún se aparcaba bien, la lluvia había aflojado un poco y chispeaba finamente, el cielo estaba nublado pero las nubes eran altas y grises y daba la sensación de que hacían un esfuerzo por contenerse y dejar de descargar agua, por lo que el tradicional paseo por la zona de salida mientras esperaba a un par de amigos fue muy agradable, la temperatura a pesar de la lluvia fina que caía era muy suave y no hacia casi frio.

El ambiente en la zona del ropero era fantástico, a pesar de que no deje nada en el ropera vi que el ritmo de entrega de las bolsas era bueno y que no se producían aglomeraciones ni problemas de ningún tipo. Mucha gente de buen humor y ambiente de lujo en el que todos compartíamos excitación y adrenalina a partes iguales.

Me encontré con mi compadre Paquito en la Puerta del Niño Jesús y con calma nos fuimos paseando hacia la zona de salida. La charla para quitar los nervios la misma de todos los años, recordando los meses de entrenamiento, destacando los cambios que hemos realizado en las rutinas de este año con respecto a los anteriores y destacando que en esta ocasión llegábamos a la cita con los 42 km sin lesiones y bien físicamente.

Con buena charla el tiempo pasa volando y cuando llegamos a la zona de salida vemos que los corredores del 10k ya han salido y que el incesante desfilar de corredores está terminado. Miramos el reloj y vemos que son las 8:45. Momento de darnos un abrazo, desearnos suerte e ir a los cajones asignados para salir.

La verdad es que todo está bastante tranquilo, el acceso al cajón es rápido y cómodo, no hay mucha gente y encuentro rápidamente un sitio en el que sentirme a gusto. Mirando alrededor veo caras tranquilas y sobretodo muchos rostros mirando al cielo. Ha parado de llover, la temperatura es excelente y estamos a escasos minutos de que den la salida.



Se producen los aplausos por la salida de los participantes de las Hand Bikes y ya me olvido un poco de todo. Realizo un último chequeo, el GPS está conectado, tengo a la liebre de sub 3 horas al lado y tengo línea directa de visión con el palco de autoridades y con el fulano (político por supuesto) que va a dar el pistoletazo de salida.

Se nota la tensión en el ambiente y en cuanto escuchamos el disparo nos ponemos a correr liberando toda la tensión acumulada durante meses. Solo he de destacar de este momento que quedo plenamente deslucido por la mierda de canción que seleccionaron para ambientar la salida. Tan mala era que ni siquiera la recuerdo, solo sé que me llamo la atención una elección tan mala.

La salida desde mi posición es ordenada y con ritmo, no tengo problemas para acoplarme al paquete de corredores que se organiza alrededor de los prácticos. En esta ocasión en vez de globos llevaban una especie de banderas como de 2,5 metros de altura con un bastidor en la espalda y un tubo de aluminio enorme. Alguien hizo el comentario al respecto de la poca practicidad del invento y se escucho a los pacers blasfemar por lo bajo dando la razón al avispado corredor.

Los primeros minutos de un maratón suelen producirme siempre cierto grado de desconcierto, pero en esta ocasión voy bastante cómodo, el ritmo es un poco elevado, pero las liebres aclaran que la idea es pasar la media en 1:28 para guardar un colchón para la segunda parte de la carrera.

Me pliego a mi idea original y me mantengo con las liebres hasta Plaza de Castilla (km 5) por donde pasamos con un tiempo de 21 minutos clavados. Bien. Me adelanto un poco para pillar agua y coger un poco de margen sobre el grupo y aprieto el ritmo. Sé que ahora vienen 12 km favorables y es el momento que tengo para pillar el margen suficiente para poder conseguir el colchón suficiente para lograr el objetivo de las 3 horas.

La bajada por Bravo Murillo es rápida y cómoda aunque vuelve a empezar a chispear, no es mucho pero el agua comienza a caer suavemente y de forma constante. A pesar de ello vuelo a ritmos de 4'00'' por la cuesta abajo y llego a la Glorieta de Cuatro Caminos (km 10) en un tiempo de 40'13''... Demasiado rápido, me estoy emocionando y voy 2 minutos por encima del tiempo objetivo.

Y aun queda cuesta abajo por delante. Voy en un grupo bastante protegido así que no aflojo, no quiero quedarme descolgado, por lo que a pesar de los nervios por ir un poco pasado me quedo donde estoy, a fin de cuentas, tampoco estoy forzando demasiado.

La lluvia cada vez es más gruesa y ya sí que no parece que vayamos a tener mucha clemencia y al paso por el km 15, en la subida de la calle Santa Engracia, me encuentro sin grupo y pasando el avituallamiento en un tiempo de 1 hora escasa. 4 minutos por encima del tiempo límite.



Me tomo el primer gel con agua y vuelvo a pillar el ritmo en la bajada de San Bernardo y llego la zona que más me gusta del recorrido por las calles Gran Vía, Preciados, Sol, Palacio Real y sin darme casi cuenta estoy en la calle Ferraz pasando la media en un muy buen tiempo de 1:25:00.
Mi cuerpo me dice que voy un poco al límite, lleva lloviendo con ganas casi media hora y voy totalmente empapado, tengo algo de frio en la tripa y aunque de piernas y de pulmones voy bien algo me dice que no todo está bien.

Aparte sigo sin acoplarme a ningún grupo en condiciones y aunque mantengo el ritmo más o menos de forma constante, esta soledad en carrera puede que me este haciendo ir demasiado rápido.

En ese momento las cosas empiezan a cambiar. El primer acceso de flato lo tengo en la bajada del Parque del Oeste hacia la Avenida de Valladolid, no es un dolor intenso pero si es una molestia pesada de esas que no puedes dejar pasar, es una bajada larga y a pesar de eso tengo modular el ritmo y aflojar un poco para que las molestias no vayan a más.

Veo a los primeros corredores empiezan a pasarme discretamente. Pero de camino a Príncipe Pio y ya en llano, la cosa se estabiliza un poco y la molestia, aunque no desaparece, se mitiga. En la entrada a la Casa de Campo me encuentro con mis padres que me preguntan qué tal voy y yo sincero pongo la cara y el gesto de que voy regular.

El tiempo es cojonudo, he pasado el km 25 en 1:40 y sigo manteniendo un ritmo alto cercano a 4'05'', las piernas están fuertes y el pecho también, solo me castigan las tripas, pero de momento parece que todo va bien. Estoy en lo más duro de la travesía del desierto acercándome al muro y empiezo a pensar que voy con margen, que voy bien de tiempo y que tengo, de momento, la carrera donde quería, en el mejor de los escenarios.



Salgo de la Casa de Campo (km 30) en 2:02, recibo un chute de ánimo de mi amiga Lisbeth y me tomo el segundo gel. Me quedan 12 km y tengo casi una hora por delante, eso mentalmente me da la posibilidad de un ritmo de 5' el km y ahora mismo estoy rodando a 4'05'' de media. Voy jodido, sé que me toca lo más duro, me duele la tripa y lo que antes eran amagos de dolor esporádicos ahora es una molestia constante.

Me masajeo el estomago siempre que puedo para mitigar la molestia y voy viendo caer los kms. Estadio Vicente Calderón (km 32), La Riviera (km 34) el repecho del Puente de Segovia. Joder... km 35 y llevo 2:25 minutos. Me quedan 7 km, tengo 35 minutos por delante y posibilidad de correrlos a 5' el km. Sigo teniéndolo en la mano.

Pero la mente ya no me funciona bien. Llevo casi una hora corriendo con molestias intensas en la tripa y ya tengo que doblarme para poder mitigar el dolor del estomago, aunque me repito constantemente que estoy en tiempo y que puedo hacerlo para infundirme fuerzas no hay manera. La lluvia cae a saco, el goteo de corredores que me van pasando es incesante y cada zancada que voy dando empieza a costar demasiado.

Subiendo por la Ronda de Atocha tengo momentos de pánico y me ordeno no pararme bajo ningún concepto. Me duele la tripa, el flato me traspasa de lado a lado y soy plenamente consciente de que no puedo hacer nada para solucionarlo hasta llegar a meta.

Al llegar a la estación de Atocha creo ver un poco de luz al final de un oscuro túnel, pero no es luz lo que veo, estoy alucinando. Escucho y agradezco con sonrisas los ánimos que me dan. Debo ir tan lento y tan jodido que a la gente le da tiempo hasta leer el nombre de mi dorsal.

A pesar de eso, mi cabeza se refugia en el cálculo mental del ritmo que llevo, los kilómetros que quedan y si aun estoy en tiempo. Y si, sigo en tiempo. Puedo hacerlo. Y cada vez que repito eso intento estirarme y apretar un poco el paso, pero es intentar estirar la espalda y notar como atraviesa una espada invisible de lado a lado.

Llego a Colón (km  39), subo Goya, Velázquez y llegando a la Plaza del Marqués de Salamanca (km 40) veo que el reloj marca 2:50. 2.195 metros y 10 minutos por delante... Joder... Sobre el papel de los entrenamientos del día a día parece fácil, tengo que ir mas o menos a 4'30'' para conseguirlo.

Para las condiciones en las que estoy es un ritmo complicado, ya no puedo más, me duelen las piernas y el estomago, pero no me queda más remedio que morir estoy muy cerca para dejarlo escapar. 2 kilómetros, la mayor parte de ellos cuesta abajo. VAMOSSS!!!



Intento engancharme a los corredores que me van pasando, me convenzo de que los gritos de ánimos de que tenemos el sub 3 horas son para mí y de que puedo conseguirlo. Al fondo veo el Retiro y recuerdo el final del maratón del año pasado en el que en ese mismo punto iba feliz y contento, como una bala, disfrutando del momento sabedor de que mi marca sería muy por debajo de las 3 horas (fue 2:55), y me veo ahora encorvado y sufriendo como un perro, como ha cambiado la película.



Pero lo tengo en la mano... Entro en el Retiro y todo son gritos y megafonía. Soy consciente de que los prácticos de las 3 horas no me han pasado, debo de estar en tiempo. Ya ni miro el reloj, doy todo lo que puedo, pero me siguen pasando corredores. Paso al lado de la familia y les veo empapados animándome a saco y aprieto un poco más. Veo el arco de meta al fondo, pero sin gafas no veo una mierda, así que no distingo los números del cronómetro. Sprinto o hago un amago de ello. Estoy vacio totalmente.

A medida que me acerco a la meta los números del crono se van clarificando y ya a escasos 15 metros veo que marca 3:00:05. Paso por la alfombrilla de meta y paró el reloj. No quiero ni mirarlo. Mi reloj marca 3:00:02.

Alrededor mío veo a algunos corredores gritando y abrazándose. Lo han conseguido, tienen el sub 3, han entrado en el Olimpo del maratón popular. Estoy tan jodido que no puedo ni reaccionar, voy andando despacio hacia los voluntarios que entregan las medallas.

Las piernas me tiemblan, noto como los gemelos y los cuádriceps tienen vida propia, palpitan sin control y a duras penas soy capaz de mantenerme en pie. Una mueca que intenta ser un sonrisa salta a mi boca cuando me doy cuenta que ya la tripa ha dejado de dolerme y que lo único que tengo fundido en este momento son las piernas y la cabeza.

3:00:02. Cuando pienso en ello no me lo puedo creer. Paso por delante de un tenderete en donde graban las medallas y pregunto a las chicas que están allí si ellas ya tienen acceso a los puestos oficiales y me dicen que sí, pero que no pueden decírmelo si no pago para grabar la medalla.

Estoy tan cansado que no pierdo un segundo en intentar convencerlas. Mi mente intenta mitigar el dolor de la decepción de haberme quedado tan cerca del sub 3 haciéndome creer que aun existe la posibilidad de que los ajustes del crono me den un par de segundo a mi favor. Pero el corazón me dice que no, que no lo espere. Mejor no hacerse ilusiones porque saborear dos veces la misma decepción de forma gratuita es innecesario.

La bruma de la carrera, el dolor y las molestias empieza a disiparse con cariño y los ánimos de la familia. A ellos les da igual el tiempo y la marca. Están contentos por mi y están orgullosos del esfuerzo sin más. Todos saben lo que esta pasando e intentan contener y mitigar el dolor del momento con sus ánimos y sus abrazos.

Ahora se supone que debería sacar una lección y una moraleja de todo esto, pero sinceramente aun no he podido asimilarlo del todo. La familia, los amigos y los compañeros me han felicitado en bloque y sin fisuras y le han quitado importancia al tema y a esos 2 segundos.

Pero todos los maratonianos saben que esos dos segundos suponen quedarse a las puertas del cielo, además son una puta puerta de rejas que dejan ver el interior mientras tú te quedas fuera apoyando la frente en el duro metal de los barrotes.

Afortunadamente, ya conseguí el año pasado bajar de 3 horas, sino no hubiese sido así esta marca habría sido un jodido drama de dimensiones planetarias. Ya hoy con varios días de perspectiva, el escozor ha remitido, aunque escribir esta crónica has reabierto momentáneamente la herida.

Solo queda reponerse y aprender la lección, recordar que cada segundo cuenta, que nunca hay que dejar caer los brazos y que en esta vida, hay que lucharlo todo hasta el último metro, porque cualquier despiste propicia que se te escurra el triunfo de entre los dedos.

Así que fuerza, salud y suerte para la próxima. (Posiblemente Valencia a jugármela con mis hermanos Antonio y Juan).

miércoles, 15 de abril de 2015

GPS vs Distancia de carrera

Infografia explicativa en donde nos detallan el proceso de medición de una carrera y la razón por la cual nuestro GPS nunca coincide con la distancia oficial de la carrera.



jueves, 9 de abril de 2015

Los grandes momentos de correr un maratón

La vivencia de correr un maratón va mucho más allá de la simple carrera. Es una larga sucesión de acontecimientos que hace que la prueba en si sea uno de los acontecimientos sobre los que pivota la vida de un corredor durante semanas.

Hemos de reconocer que en general somos muy flipados con este tema y que de tanto correr en ello magnificamos el acontecimiento en si a dimensiones épicas, y hay que reconocer que eso MOLA UN PUTO HUEVO. Nos pasamos imaginándonos y visualizando momentos épicos durante semanas y eso es impagable, ya que nos genera grandes momentos personales muy íntimos, muy satisfactorios y gratis.

Esos momentos de estar entrenando e imaginar esa entrada en meta logrando nuestro objetivo, imaginándonos como entraremos, la música de fondo, la familia animando, las lagrimas en los ojos.... Y eso solo entrenando. Yo he tenido momentos tan vividos en los entrenamientos de hacérseme un nudo en la garganta de lo potente de la sensación.



Luego uno de momentos previos más guapos de la liturgia runner, que por lo que comento con los amigos a todos nos gustan mucho, es el momento feria del corredor y recogida del dorsal. Normalmente en grandes espacios repletos de corredores, muchísima gente en haciéndose fotos, llegando en grupos, el consultar las listas para ver nuestro numero, la retirada de la camiseta y la bolsa del corredor, son momentos intensos ya que estamos rodeados de un ambiente muy atlético y porque sabemos que todos los que están allí tienen sensaciones similares a las nuestras, un ambiente muy de hermandad, de comunidad.

Aparte por supuesto del paseo por la feria toda llena de zapatillas stands de otros maratones por todo el mundo, marcas, tiendas, recuerdos, merchadising, zona de fotos, y un larguísimo numero de actividades runner. Siempre que voy a una buena feria del corredor salgo de buen humor.



Luego esta mi preferido, que el momento salida, cuando estamos todos hombro con hombro ya de corto esperando que de una puta vez suene el disparo y nos pongamos al lio. Esos momentos previos a mi me parecen la leche, la concentración de los corredores, los saltitos, los que levantan las manos porque así creen que pillaran antes la señal del GPS.

Es un momento en el que me gusta mirar a mi alrededor y ver literalmente cientos de caras todas fijas en un mismo punto y sabiendo que todos estamos a la espera de lo mismo, para saber qué es lo que se sienta hay que esta hay, y si encima puedes hacerlo rodeado de algún amigo no hay nada mejor. Algunos de los abrazos más sinceros y llenos de sentimiento los he tenido hay en ese último momento antes de empezar una carrera.



Y luego está la llegada a meta, y este creo que es uno de los momentos más sobrevalorados del maratón. Será porque siempre llego follado a meta y no tengo fuerzas para expresar o sentir nada que no sea el irresistible deseo de parar de correr y recuperar. Ya luego si, cuando te das cuenta que has llegado que lo has conseguido, pues si, pero vamos la meta suele ser un momento bastante solitario, esos metros entre la meta y los primeros puestos de recuperación son de vacio mental y corporal hasta que se empieza a recuperar el control completo del cuerpo.

A pesar de todo y por todo esto, correr un maratón mola mucho por todo lo que nos da y todo los que nos deja en el zurrón personal. Creo que por eso la mayoría de nosotros repetimos. Y seguiremos repitiendo hasta que el cuerpo aguante. :D

miércoles, 1 de abril de 2015

The Ingenuous Choice - Mountain Running with Anton Krupicka

La verdad es que siempre me ha caido bien Anton Krupicka, su rollo melenudo y minimalista le distingue muy bien del resto de corredores de primera linea del trail y me transmite una sensación de tio tranquilo y buena persona.

Aquí os dejo este buen video para que os pique un poco para salir a correr esta Semana Santa por le monte o donde por se tercie. :)